“Soy demasiado inteligente, demasiado exigente y demasiado ingeniosa para que alguien pueda encargarse de mi completamente.
Nadie me conoce o me ama totalmente. Solo me tengo a mi misma.”
No te odio por quererme, pero me hacen mal tus intenciones de permanente quietud. No me hace bien vivir a la supervisión de tu afligir, ni me interesa en lo más mínimo ser aliado de tu temor.
No me ates, no si querés verme feliz, no si te duele mi ausencia. No si creés que el peligro me espera fuera de los abrazos que me das en honra al amor.
Espero que llegue el día que debas mencionarme y no puedas por el nudo que se formará en tu garganta. Y ahí entenderás que en realidad me extrañas, pero ya yo no estaré para ti.